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miércoles, 12 de marzo de 2025

Por qué es mejor comer en (buena) compañía

De la fresa al musgo de Irlanda, del tenedor al funderelele y del arrurruz a la yogurtera: el diccionario de la Academia Iberoamericana de Gastronomía (Lid, 2019) define más de 7.000 expresiones vinculadas a la cocina y la alimentación. “Comer” no es una de ellas. No está. Será que reducirla a un acto fisiológico, a un proceso mecánico, a un listado de recetas o a un conjunto de nutrientes no basta para asirla en toda su complejidad. El significado profundo de comer no cabe en un párrafo. Tampoco en dos.

Mientras el musgo de Irlanda es “un tipo de alga comestible”; el arrurruz, “una raíz que se consume como harina”; y el funderelele, “la cuchara sacabolas del helado”, comer es más que triturar alimentos con los dientes o darle al organismo los nutrientes necesarios. La alimentación es un cruce de caminos; una superposición de planos. Por eso cada vez hay más recetarios que incorporan el prisma de la salud y viceversa: estudios nutricionales que tienen en cuenta la dimensión social de la comida.


La conocida pirámide alimentaria, por ejemplo, ya no es como antes. Ahora tiene más niveles en su base que incluyen, entre otras cosas, las actividades culinarias, el consumo de alimentos de temporada y la sociabilidad. La “nueva pirámide de estilo de vida mediterráneo para niños y jóvenes”, publicada este mes en la revista Advances in Nutrition, es más que un esquema de alimentos agrupados; ilustra un modo de entender la comida como un nexo personal y cultural.


El valioso tiempo de la comensalidad

El encuentro con otras personas es un ingrediente fundamental de nuestro estilo de vida. Comer en una mesa en compañía —la comensalidad— y el disfrute compartido de ese momento —la convivencia— son tan importantes como aquello que ponemos en el plato. “Ambas pueden traducirse en múltiples beneficios para la salud, como un mejor estado de ánimo, una reducción del estrés, una mejor ingesta de nutrientes y un mejor bienestar general”, exponen los investigadores del Instituto de Salud Carlos III y del Centro de Investigación Biomédica en Red de Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBEROBN).


No son los únicos. Una revisión científica publicada en Apetite en 2018 califica a las comidas familiares como “un momento valioso” porque se asocian a múltiples beneficios para los niños y adolescentes, como un mayor disfrute de los alimentos y una ingesta menos inquieta y emocional. Comer juntos de manera habitual, con horarios estructurados, incluso puede desempeñar un papel en la reducción de la obesidad infantil porque se tiende a elegir alimentos más nutritivos y a seguir una dieta más equilibrada.


Un estudio posterior sobre la dieta mediterránea en familias con adolescentes, publicado por investigadores de la Universitat Oberta de Catalunya y la Universidad Autónoma de Barcelona, justifica que el placer de compartir las comidas con personas significativas, como familiares y amigos, crea un sentido de comunidad y contribuye a perpetuar ese patrón dietético de generación en generación. De ahí que las guías más recientes en España pongan énfasis en la importancia de comer con tranquilidad, acompañados y disfrutando de la comida.


Y aquí está la clave, porque comer en compañía no equivale a comer con cualquier persona ni a hacerlo de cualquier manera. Para que el encuentro tenga sentido y produzca esa conexión beneficiosa, hay que tener en cuenta la frecuencia, la mesa, la falta de distracciones digitales, las conversaciones agradables y el tiempo dedicado a la comida. “Los estudios dicen que la comensalidad mejora la calidad dietética, presuponiendo que hay una buena convivencia”, observa el dietista-nutricionista Julio Basulto. “En el caso de los niños, si hay chantajes con la comida, presión o coacción, la experiencia cambia por completo. La calidez en el hogar mejora la ingesta; la hostilidad, la empeora”.


Esta lógica es extrapolable a las personas adultas. Como indica Basulto, “es difícil comer bien si estás en una mala situación”. También lo es cuando no tenemos con quién compartir las comidas, pese a que haya excepciones, como el creciente placer de salir a comer a solas. Una cosa es disfrutar en solitario de una experiencia gastronómica por elección y otra, la soledad no elegida ante la mesa.


El impacto de comer en soledad

En España, el porcentaje de personas que comen solas va en aumento, tanto en la comida como en la cena. En promedio, un 23 % de los adultos comen o cenan solos entre semana, según desvela un estudio publicado en 2022 por la Fundación Mapfre y el Instituto Alimentación y Sociedad de la Universidad CEU San Pablo. A su vez, desciende de manera acusada el porcentaje de población que come conversando con alguien. Con compañía o sin ella, la tendencia actual es ver la televisión o el móvil mientras comemos o cenamos.


Alimentarnos aislados reduce el momento a una de sus dimensiones —la fisiológica— y lo despoja de toda profundidad afectiva y social. Pero, además, empeora las elecciones dietéticas, las que son puramente alimentarias. El estudio EPIC-Norfolk sobre salud y envejecimiento de la Universidad de Cambridge destaca, por ejemplo, que las personas mayores de 50 años que viven solas consumen menos vegetales que las que están en pareja; también, que la combinación de viudez y vivir solo aumenta el riesgo de tener una dieta de baja calidad, y que el aislamiento social tiene un impacto negativo en la salud equivalente a fumar 15 cigarrillos al día.

“La dieta de las personas no es fija: cambia con el tiempo”, expone el documento, que se publicó en 2013 tras hacer un seguimiento dietético de 25.000 personas durante 20 años. “La capacidad de comer de manera saludable está influenciada por el entorno social de una persona, incluidos factores como el matrimonio, la convivencia, la amistad y la interacción social en general. A medida que las personas envejecen, es menos probable que coman bien y, cuando las personas mayores viven solas, su dieta a menudo se ve afectada”.


Como razona el catedrático emérito de Antropología Social de la Universidad de Barcelona, Jesús Contreras, en su libro ¿Seguiremos siendo lo que comemos? (Icaria, 2022), la carga simbólica de «tener que comer solo» es muy grande: “El cocinar, como el comer, solo parece adquirir sentido dentro de la relación social. La frialdad de los platos sencillos y la tristeza del sentarse solo a comer para saciar el hambre se contrapone a la calidez y la ilusión de las comidas compartidas […]. Frente a la ausencia de comensalidad, el comer se ‘desocializa’ e incluso parece que se ‘deshumaniza”.

La soledad frente al plato nos deja muchas veces sin todo eso que le da un sentido a la comida, más allá de su cometido básico, que es evitarnos morir de inanición. Dificulta que hagamos una elección de alimentos con mimo, que preparemos las recetas de manera más o menos esmerada o que entablemos conversaciones en la cocina y en la mesa. La merma de las relaciones personales también reduce las oportunidades de disfrutar de todos los matices que ofrece la gastronomía. Ofrenda, goce, planificación y cuidados, comer es más que el aporte de fibra, el recuento de vitaminas o la cantidad de carbohidratos. Es una expresión de cultura y un potentísimo cohesionador social.

Publicado en El País el 12 de marzo del 2025.

Autora: 

martes, 12 de noviembre de 2024

Los cinco tipos de hambre

 https://elpais.com/gastronomia/el-comidista/2024-11-12/los-cinco-tipos-de-hambre-y-como-debemos-enfrentarnos-a-ellos.html

Todos sabemos lo que es tener hambre, pero quizá no conocemos tanto los mecanismos que la activan en nuestros cerebros y en el resto de nuestro cuerpo. Tu cerebro tiene hambre viene a cubrir ese vacío: en el libro, la farmacéutica y nutricionista Marián García (Boticaria García en las redes sociales) analiza las complejas razones que impulsan las ganas de comer. Con conocimiento científico y un estilo accesible y humorístico, García explora cómo el cerebro, los músculos, las hormonas y las emociones están involucrados en la gestión del apetito y la acumulación de grasa. También ayuda a entender la relación entre mente y cuerpo en la lucha contra el sobrepeso más allá de la simple falta de fuerza de voluntad o las consabidas recomendaciones de cuñado / gymbro para adelgazar (ya sabes: cierra el pico y come menos, haz ejercicio, etcétera).

La nutricionista habla de los cinco tipos de hambre que afectan al ser humano. El primero es el hambre fisiológica o “hambre-hambre”, que ocurre cuando el cuerpo necesita energía y nutrientes. Otro tipo es el hambre emocional, provocada por factores como el estrés, la ansiedad o el aburrimiento. El hambre ambiental surge por estímulos externos como olores o la vista de alimentos apetitosos, que despiertan el deseo de comer aunque estemos saciados. La hormonal está causada por la desregulación de hormonas como la leptina y la grelina, que controlan la saciedad y el apetito, mientras que el hambre denominada “Dragon Khan” se relaciona con los altibajos en los niveles de glucosa en sangre. ¿Qué mecanismos controlan estos tipos de hambre? ¿Cómo debemos responder a ellos? La propia Marián García lo explica en el enlace de arriba

lunes, 25 de octubre de 2021

Un restaurante innovador.

Un restaurante donde primero se eligen los vinos.


    Los dueños de un restaurante donde primero se elige el vino o los vinos por parte de los clientes y después te aconsejan sobre qué platos de los que tienen en la carta son los que mejor combinan con los mismos no quieren decir donde se ubican ni como se llama.

Solo se puede reservar por internet y no hay fotografías del lugar.  No se permite entrar a los clientes con cualquier aparato que permita realizar fotografías.

La carta de vinos no es muy numerosa pero si variada de precio para en función de los mismos se crea una carta de platos tampoco muy larga que varía mensualmente y que combina, según el jefe de cocina y el sumiller después de haberlo experimentado ellos anteriormente,  perfectamente con el vino elegido por el cliente.

La experiencia consiste en que los gustos, aromas y sabores del  vino sean los elementos importantes de la comida y no quede enmascarado por la cantidad o intensidad de también gustos, sabores y aromas del tipo de alimentos  elegidos.

Dado la multitud de aromas que hay tanto en las comidas como en los vinos, cada mes se eligen, por parte de los responsables del restaurante, los vinos en función de unos tipos de aromas predominantes en los mismos para así adecuar la carta a ellos.

Para el mes de que viene, el actual está lleno, se han elegido para el vino blanco aromas  considerados primarios de fruta tropical como plátano, mango, melón, piña ... y para el vino tinto aromas terciarios como carne, tabaco, cuero, caramelo, champiñón...

De la carta quieren que sea una sorpresa y no comunican dato alguno.

Su dirección es https://www.primeroelvino.es

(Noticia de la agencia C´s B)


Primero vino.



Segundo comida:.




Tercero disfrutar.






miércoles, 10 de octubre de 2018

¿Qué comieron en la inauguración de la estatua del Padre Flórez en Villadiego (Burgos) en 1906?

Del artículo Monumento al Padre Flórez a través de la prensa burgalesa: De proyecto a realidad, del Alberto Ruíz de Arbulo Sánchez, publicado ene el Boletín de la Institución Fernán González 2001/1, Año 80, n 222, p 67-86, en su página 80, en la nota 33, se menciona lo que comieron ese día,lo cual trascribo textualmente

Algunos tan curioso como el desglose del menú del banquete realizado por la "acreditada cocinera burgalesa Rosa de la Fuente", el cual se compone de: "Consomé. Fritos variados. Solomillo con champignon y trufas. Merluzas, salsas mayonesa y vinagreta. Pollos asados.Lengua a la escarlata. Entremeses, vino Rioja alta, Postres,cafés, licores, habanos"

Fue el 17 de octubre de 1906.

















miércoles, 3 de octubre de 2018

Una receta de tortilla

Nos hacemos eco de una de las mejores tortilla de patatas de Madrid. La que se hace en la Bodega "La Ardosa".C/ Colón, 13

Copiamos la receta de su página web:http://www.laardosa.es/receta-tortilla.php

Ingredientes:

- Cinco patatas monalisa medianas.

- Siete huevos.

- Media cebolla grande.

- Aceite de oliva virgen extra Lorietta, de los Montes de Toledo.

- Sal. 

Preparación:

Se pelan las patatas, se lavan y cortan con cuchillo, a lo ancho, con una largura de unos 3 centímetros y un grosor de entre 2 y tres milímetros. 

Se echan en un bol, junto con la cebolla cortada en juliana y se sala.

Se echa en  una sartén bastante aceite a fuego medio. Caliente, pero no humeante.

Se agregan las patatas con la cebolla, donde permanecen cubiertas por el aceite, friéndose más que cociéndose, pero nunca a una llama muy viva, siempre a borbotones medios, durante unos quince minutos.

En ese tiempo, mueve las patatas cada tres minutos, para que se hagan todas por igual, homogéneamente. Pasado el cuarto de hora, aproximadamente, se sacan y se dejan en un recipiente, para que escurra la grasa, con lo ayuda de una espumadera, con la que se presiona levemente. 

Se baten los huevos en un bol, hasta que estén esponjosos.

Se incorporan las patatas escurridas con la cebolla. Se tiene junto apenas medio minuto, lo justo para mezclar y repartir uniformemente.



Se sitúa una sartén de hierro fundido de diámetro pequeño y paredes altas a fuego medio. Se vierte un hilo del aceite de oliva virgen, que esparce por toda ella. Bastante caliente, pero no humeante, se agrega la tortilla y se tiene medio minuto, pasando la espumadera constantemente por los bordes exteriores. 

Se da la vuelta y se tiene otro medio minuto, procediendo de igual manera con la espumadera.  Se saca y sirve.

domingo, 16 de octubre de 2016

Esto es comer ..

(...)
Llegaron inmediatamente las cráteras de vino -naturalmente de reserva familiar, incomparable con el vino legionario almacenado en el puerto-, y se escanciaron el vino con nieve,  el vino de especias, el vino con miel, para dar paso a las primeras bandejas de entremeses. La música seguía sonando, pero las voces empezaban a subir de tono: sobre las mesas se fueron distribuyendo los dátiles fritos, las ostras, los huevos de gallina y codorniz con garo, el pastel de mejillones, las tortas de pan, las huevas de bacalao, los espinazos secos de atún criados con bellotas, las golosinas de sartén flambeadas con licor, las torres de langosta y bogavante, las cazuelas de pulpos marinados, los sorbetes, las tajadas de melón, los embutidos ceretanos... Publio estaba aturdido por los olores y sabores de aquella cena; con el codo, disputaba su espacio en el triclinio con un grueso funcionario de maneras toscas, y no dejaba de pensar en Mamia e Idana, en sus frugales comidas de diario con ellas, cada vez que deslizaba algún bocado en su servilleta de convites, como por otra parte hacían incluso algunos de los invitados del triclinio principal.

Siguieron varias clases de asados, servidos en los mismos espetones, que los esclavos trinchaban siguiendo las indicaciones y apetencias de la gente, y se sirvieron más guisos sólo aptos para estómagos fuertes en los que nadaban las ubres de cerda rellenas, las tortas crujientes de mollejas, las empanadas dulces de pichón, los escabeches de jabalí y de liebre.
(...)

Extracto del libro Hay luz en casas de Publio Fama. Autor Juan Miñana.
Editorial. RBA Libros
ISBN: 9788498674415